Jugué a destruir(la), acaso por el fuego

“Jugué, sin convicción, con el melodramático propósito de destruir(la), acaso por el fuego.” En su fantasioso cuento: Veinticinco de agosto, 1983, Jorge Luis Borges, como siempre enigmático y fabuloso, sostiene un terrible diálogo con su heterónimo, consigo mismo, entiéndase. Y la frase que da título a nuestra entrega no es otra que la más enigmática de las que pudieran leerse en el cuento, cuyo tema es el imaginario encuentro de dos Borges: uno muy viejo, y uno joven, compartiendo espacio y tiempo.

Efectivamente, como respuesta a la pregunta hecha por uno de los dos Borges del diálogo, sobre si publicaría sus obras todas, el otro Borges, el “protagonista” responde: 

—“Jugué, sin convicción, con el melodramático propósito de destruir(la), acaso por el fuego.”

El laberinto de Borges

¿Pero cómo puede ser posible semejante destrucción, si en nuestras manos disfrutamos siempre de sus obras? Todo forma parte de los laberínticos relatos del autor y de los cuales los salkeditas y muchos lectores en el mundo estamos acostumbrados. No solo son  los laberintos una constante en Jorge Luis Borges. También otros temas: las peleas en arrabales, la numerología, la mancia, el esoterismo…

Leamos también acerca de estos temas sobre quiénes somos, otra entrega de nuestro blog: https://salkedus.com/el-poeta-y-la-vida-la-vida-y-el-poeta/

En el cuento aparecen expresamente tales obsesiones borgianas, como lista o inventario. Citemos de nuevo:

“…los laberintos, los cuchillos, el hombre que se cree una imagen, el reflejo que se cree verdadero, el tigre de las noches, las batallas que vuelven en la sangre (…) los falsos recuerdos, el doble juego de los símbolos, las largas enumeraciones, las simetrías imperfectas…” 

Más allá de toda duda y en la más abierta y auténtica confesión que ningún escritor haría, “el primer Borges, el uno”, sentenció:

—Escribirás el libro con el que hemos soñado tanto tiempo. Hacia 1979 comprenderás que tu supuesta obra no es otra cosa que una serie de borradores, de borradores misceláneos… Y es entonces cuando “el otro Borges”  responde aludiendo a su destrucción: “jugué, sin convicción…”

Y quedará en lo profundo de (nuestra) memoria

El diálogo estalla en el mejor de los clímax literarios, y acerca del cual Salkedus no puede sino repetir textualmente, en el goce pleno de quien lee a uno de los grandes de las letras:

“—Quedará en lo profundo de tu memoria, debajo de la marea de los sueños. Cuando lo escribas, creerás urdir un cuento fantástico. No será mañana, todavía te faltan muchos años.

Dejó de hablar, comprendí que había muerto. En cierto modo yo moría con él; me incliné acongojado sobre la almohada y ya no había nadie.

Huí de la pieza. Afuera no estaba el patio, ni las escaleras de mármol, ni la gran casa silenciosa, ni los eucaliptus, ni las estatuas, ni la glorieta, ni las fuentes, ni el portón de la verja de la quinta en el pueblo de Adrogué.

Afuera me esperaban otros sueños.”

Como se sabe, este cuento forma parte del libro La memoria de Shakespeare, publicado por vez primera en 1983. Podemos leerlo fácilmente con un clic aquí: https://borgestodoelanio.blogspot.com/2015/03/jorge-luis-borges-veinticinco-de-agosto.html

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