Esa caverna con la que topamos

Esa caverna con la que topamos… Quedando perplejos, participando de avatares, desesperanzas, encuentros y desencuentros, recuerdos y soledades cotidianas, en medio de una pequeña alfarería tradicional y familiar, la de los Algor, quienes, por la fuerza indetenible del desarrollo de una gran ciudad cercana, se miran unos a otros cuando el principal comprador de sus productos, el llamado Centro, los llama para participar su decisión de no seguir comprándoles más, aduciendo que ya nadie se interesa por sus cacharros de barro.

El final de una alfarería

Una prosa drásticamente lenta pero al mismo tiempo fluida y sin descanso, nos entrega José Saramago (1922-2010) Ver en nuestra entrega https://salkedus.com/saramago-de-las-letras-magicas-nos-conto/ en otra de sus novelas, La Caverna, publicada por vez primera en 2000, haciendo del lector un miembro más de la pequeña industria, preguntándose si será posible que los protagonistas de la historia, el padre, la hija y su esposo – y el perro llamado Encontrado-, logren completar la hechura y venta de su última producción, unos muñecos de arcilla de dudosa vistosidad, ocurrencia desesperada de la hija como ensayo por detener lo indetenible.

Es este el argumento que nos pone Saramago entre las más de cuatrocientas páginas que ocupan su relato, lleno de cerrados diálogos no siempre libres de conflictos, dolor, recuerdos, de sentimientos opuestos, en medio de lo esencial humano, ilusiones y amarguras, las dudas… Y salpicado de esa filosofía primera – pequeña filosofía – que los personajes entrevén en sus propias frases o en las de su interlocutor.

La novela lleva ese nombre aludiendo no a una, sino a dos cavernas – incluso tres, o más – que aparecen en la historia; una pequeña y simple, donde Cipriano Algor el alfarero, decide enterrar las piezas de arcilla rechazadas; y otra, profunda y sorprendente para los personajes, pero más para nosotros, lectores expectantes, al borde ya de la nuestra…

Filosofía de mercado

“Volver a ser víspera, al menos por una hora, es el deseo imposible de cada ayer…”; así ilustra una vez entre muchas el autor, el drama que en sus líneas hace vivir a sus tres personajes principales, Cipriano, Marcial y Marta, produciéndonos preguntas extrañas sobre el tiempo y sus vueltas, o su caminar lineal eterno.

“Creo que ha sido la aparición de unas piezas de plástico que imitan al barro, y lo imitan tan bien que parecen auténticas, con la ventaja de que pesan menos y son mucho más baratas, …”, dice uno de los subjefes del Centro comprador, al momento de rechazarle al viejo alfarero, cualquier nueva compra.

En esto último como se ve, no hay nada de filosófico, solo la más clara praxis de oferta y demanda, cuando el mercadeo natural se impone. Sobre este pilar posa Saramago su novela, unilineal y monolítica, yendo tras el fin de un modo de vida auténtico, cuasi-rural, paciente e inocente que ha tenido la familia Algor por muchos años…

En La Caverna, José Saramago muestra su infinita capacidad para descubrir esos extraños pliegues de nuestra vida, desde las acciones más comunes y cotidianas. Pueden ver también otra de nuestras entregas: https://salkedus.com/todos-los-nombres-me-suenan-a-saramago/

Leamos las líneas del clímax de la psicología que la novela muestra:

El drama más simple pero el menos llevadero…

“Marcial preguntó (hablando con Marta su esposa), Has discutido con él, Es el mismo problema de siempre, si no hablamos somos infelices, y si hablamos discrepamos, Hay que tener paciencia, no es necesaria una excepcional agudeza de visión para percibir que tu padre se está viendo a sí mismo como si viviese en una isla que se va haciendo más pequeña cada día que pasa, un trozo, otro trozo, date cuenta de que acaba de llevar los muñecos al Centro, después regresará a casa para encender el horno, pero estas cosas las está haciendo como si dudara de la razón de ser que alguna vez han tenido, como si desease que le apareciera un obstáculo imposible de trasponer para poder decir en fin se acabó, …” (Pp. 333-334).

Fragmentos tomados de la quinta edición impresa de Punto de Lectura (Santillana Ediciones Generales), Madrid, 2003.

No olvidemos que Saramago suele usar mayúscula después de algunas comas

O mejor expresado, que a veces usa éstas en lugar del punto y seguido.

Deja un comentario