Psicópata en formación

Un psicópata en formación. Vale decir, la presencia de sórdidos componentes condicionantes o casi necesarios para generar un criminal. O sea, criminología pura, entendiendo ésta como ciencia y estudio de las conductas y las actitudes para el delito…

En efecto, la criminología ha logrado establecer ciertos principios o condiciones girando alrededor de toda acción delictiva: infancia precaria, drogas, exposición a la violencia, alcoholismo y mucho más. Pero como hemos dicho en otras entregas del blog, los escritores de la gran literatura pueden reservarnos excelentes encuadres y magníficas ‘tomas’ de esos factores hacedores de un delincuente. Criminogénesis, dirían los expertos del área.

Verán algo más en relación a esta literatura haciendo clic en la siguiente entrega: https://salkedus.com/a-mi-no-a-mi-no-no-soy-loco/

¿Equivocado o no?

Tal es el caso de la novela El hombre equivocado, del novelista John Katzenbach, escritor norteamericano nacido en Princeton, EEUU. La novela discurre tras la angustia y la desesperación de las víctimas de Michael O’Connell, el psicópata (anti)protagonista del relato y quien se ha fijado obsesivamente en Ashley, una hermosa y talentosa chica universitaria, hija de una abogada de ejercicio independiente y de un profesor de historia de una prestigiosa universidad en Boston.

Siendo el fuerte del autor los artilugios del suspenso y la ansiedad en su narrativa, el lector es trasladado al lugar de los acontecimientos para inútilmente, intentar ayudar a Ashley y a su familia. Y para desesperarse a su lado en medio del lento sistema de justicia y de la imposibilidad de recabar las suficientes pruebas que lleven al acosador a… De hecho, los sistemas de justicia penal son también objeto de estudio de la criminología

Decíamos entonces que acompañados de víctimas y victimario echémonos un cauto recorrido por las calles de la gran ciudad americana, a ver de cerca, grande y literariamente, algunos factores criminógenos:

Suspenso y criminología

“Las visitas de la policía a casa de los O’Connell habían sido frecuentes los sábados por la noche. Un brazo roto, un diente saltado, moratones, asistentes sociales y viajes a urgencias fueron sus regalos de boda. A cambio, él recibió una nariz rota que estropeaba su guapo rostro cuando se enfadaba, y más de una vez tuvo que ver cómo su mujer lo atacaba con un cuchillo de cocina. Era una conocida pauta de abusos, violencia y perdón que habría continuado eternamente, excepto por dos cosas: el padre se lesionó y la madre enfermó.”

“O’Connell padre cayó desde diez metros de altura sobre una viga de acero. Debería haber muerto, pero en cambio pasó seis meses en el hospital, recuperándose de un par de vértebras rotas, y consiguió ganar una adicción a los analgésicos, un sustancial seguro y una paga permanente, la mayoría de la cual se gastó pagando rondas en el local de los veteranos de guerra y siendo víctima de un par de embaucadores que le hicieron creer que podría ganar dinero fácil. Mientras tanto, la madre de O’Connell descubrió que tenía cáncer de útero. Una operación y su propia dependencia de los analgésicos la condujeron a una vida llena de incertidumbres aún mayores.”

“O’Connell tenía trece años la noche en que murió su madre, un día después de su cumpleaños.”

Versiones oscuras…

“Lo que Scott había descubierto gracias a la bibliotecaria y los archivos de los periódicos locales era a la vez preocupante y confuso. Ambos padres habían estado bebiendo y peleando; duró un buen rato, según algunos vecinos, pero eso era corriente y no alcanzó el nivel de violencia capaz de hacerles llamar al 911. Pero justo después de que oscureciera, hubo un súbito estallido de gritos seguidos de dos disparos.”

“Los disparos eran la parte dudosa de la historia. Algunos vecinos recordaban un silencio significativo entre uno y otro: treinta segundos, quizás un minuto o incluso más. El propio padre de O’Connell llamó a la policía.”

“Llegaron y encontraron a la madre muerta en el suelo, con un disparo a bocajarro en el pecho, una segunda bala en el techo, el chico adolescente acurrucado en un rincón y el padre, con la cara surcada de arañazos, empuñando una pistola del calibre 38.”

Ingredientes “criminales”

“¿Tenía pesadillas con su madre muerta?, se preguntó Scott. ¿La veía luchando por su vida? ¿Cuando despertaba cada mañana y veía la manera en que su padre lo miraba con recelo, se decía alguna mentira terrible?”

“Cruzó la ciudad y aparcó delante del camping de caravanas, muy cerca de la casa de O’Connell. «Está todo aquí —pensó—. Todos los ingredientes para convertirse en un asesino.»”

“Scott (profesor de historia y padre de Ashley) no sabía mucho de psicología, aunque como historiador comprendía que a veces los grandes acontecimientos se basan en las emociones. Pero cualquier Freud de pacotilla hubiese visto que el pasado de O’Connell lo abocaba a un futuro trágico.” Pueden ver respecto a Sigmund Freud: https://es.wikipedia.org/wiki/Sigmund_Freud

Fragmentos textuales tomados todos de la versión PDF disponible en WEB, (pp. 267-269).

Deja un comentario