La Moska de Eduardo Liendo sobrevuela…

Un zumbido de moskardón, muy moskoso, muy fastidioso, como casi todos los de su naturaleza, así se oye leyendo Las kuitas del hombre moska, de Eduardo Liendo, cuando su personaje central, Temístocles Pacheco sobrevuela metamorfoseado en mosca, de lo más urbano, de lo más raudo, en misterioso zigzag, entre mugres y bellezas. Entre una y otra contradicción, la de ser mosca – el autor escribe «moska» – y ser humano, por siempre, según el sino que le ha tocado desde siempre y desde su cumpleaños número treinta.

El protagonista de esta novela de Eduardo Liendo (Caracas, Venezuela, 1941) vive el dilema de la identidad y la duda en torno al tormento del quién soy, drama planteado en otras obras inmortales como: El Hombre Duplicado, de José Saramago o El Extraño Caso del Doctor Jekill y Mr., Hyde, de Robert Louis Stevenson.  Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/El_extra%C3%B1o_caso_del_doctor_Jekyll_y_el_se%C3%B1or_Hyde

O pueden hacer clic respecto al mismo gran tema, en nuestra entrega: ¿Quiénes somos en realidad, pensantes filósofos?

Miradas humana y mirada moscuda

En la trama, se adentra la moska – ¿o Eduardo Liendo? ¿O Temístocles Pacheco? ¿O alguien? – en una ciudad que a ratos es una tal Karacas (escrita así) y a ratos una imaginaria urbe, para mostrarnos impúdica, un mundo que descubre la óptica de una visión infinita, es una moska, ¡moska con eso! ¿eh?, ¡atención con eso!, ¿eh?, de mirada estereoscópica, multiforme, caleidoscópica a veces, dependiendo de lo que observen esos rojillos y microscópicos ojos sin fin de los que está provisto(a) desde su transformación inexplicable.

En este enredo de ser uno u otro cada quien, Salkedus les pregunta: ¿el mundo es el que es, o es el que vemos nosotros, con nuestra mirada humana? Una mirada y un olfato como el de la moska de la novela ofrecerían otras perspectivas… Un mundo muy distinto.

La moska, del mismo modo, se vuelve omnisciente y llega a ofrecernos de zumbido en zumbido, desde sus vuelos retozones, una interesante sub-trama, la del mundo delictivo en la populosa ciudad, entre urbanizaciones y barrios, güelepegas, choros y matones – El Báquiro es uno, uno que es alto pana de Balaperdida -.

Mosca, no te quiero ver más por aquí

Dense una mirada – humana – sobre estas líneas que la otra mirada, la moskuda, vería como manchitas negras olorosas a tinta, sobre una superficie plana y de algún color. Claro, mientras no se vuelvan ustedes mismos algún insecto raro. Como el de La Metamorfosis, el relato de ese otro escritor, Frank Kafka, cuyo protagonista es justamente, el Sr. K…

“Una vez cayó en una redada y lo salvó la cédula de Martín Pantoja, cuando el patrullero verificó los antecedentes con la Central de policía salió limpio. Eso le causó mucha gracia, porque ya en el momento de dejarlo ir el tombo que le devolvió la cédula le hizo una pregunta: ¿Tú conoces al Báquiro? Ni idea, respondió, pensando todavía que le ponían un peine. ¿Y a Danilo Montero? No me suena, dijo sin alterarse. Bueno, píntate de colores – concluyó el policía – no te quiero ver más por aquí. A María Purísima y a Balaperdida se los llevaron enjaulados esa vez, pero no lo sapearon. Eso sí, ellos fueron los más extrañados cuando el tombo le devolvió la cédula al Báquiro. No estaban en el guillo de la doble identidad (…)

En bares y con billetes

Se ve que no tenían una foto suya ahora que ya no era un niño, ahora que tenía diecisiete, que había estado con putas, que le habían pegado por lo menos tres gonorreas para bautizarlo, que había participado casi en veinte asaltos, que había cerrado bares en Las Mayas a punta de billete, cierra esa puerta que yo cargo con todo lo que se pida, que tenía, por lo menos seguro, segurito, dos difuntos en la propia cuenta para el otro lado, porque en ese juicio final sí creía pero no lo enculillaba. Porque a la hora de sacar cuentas, él también tenía mucho que reclamarle a quien hizo esto”.

(Las Kuitas del Hombre Moska, Otero Ediciones, Caracas, 2005, p. 239)

Vuelen al estante de la librería, al de un amigo, al de ustedes. Y con alas y todo pósense sobre el alma que los aguarda. El alma del libro…

Deja un comentario