¿Quiénes somos en realidad, pensantes filósofos?

¿Han dudado alguna vez sobre quiénes son? ¿Quiénes son quiénes? ¡Ustedes! ¿Nosotros? No, jamás. Yo, por ejemplo no. ¿Quién es usted? Yo soy Jesús Salcedo. No, no, ese es su nombre. La pregunta es, ¿quién es usted? Eh, eh, eh, yo soy profesor. No, no, esa es respuesta a la pregunta: ¿qué hace usted; o qué oficio o profesión tiene? La pregunta fue otra. Pues… Soy un humano. Pero eso somos todos; y no obstante nos diferenciamos grandemente unos de otros. ¿Quiénes somos, en realidad, pensantes filósofos?

Dudar quién es uno…

¿Quién es usted entonces? Un ciudadano de esta tierra. Eso no lo identifica ni lo caracteriza. Por el contrario, lo arroja en un montón de millones de ellos. ¡Ya sé! Tengo un pasaporte y un documento de identidad, un DNI, así lo llaman. O sea, una cédula de identidad. Pero eso no es otra cosa que un número asignado y un retrato, para asuntos oficiales y satisfacción de autoridades gubernamentales o de cualquier institución.

¿Y entonces? ¿Quién rayos soy? Soy profesional, vecino de esta parroquia, mayor de edad, hábil, padre de familia… No, no. La profesión ya la dijo; dónde vive, no es la pregunta; ni tampoco si es o no útil y consciente. Y si es padre o no, no es asunto de nadie. ¿Y entonces? Ya ni siquiera sé cuál es la pregunta, mucho menos la respuesta… ¿Usted es una tortuga? Evidentemente no. ¿Un árbol? No.

QuiénesSomosSillasVacias
Identidad

Filosofía de poetas y escritores

Nos hemos topado con un planteamiento terriblemente filosófico, que por tal casi nadie se plantea. No nos podemos estar con pendejadas, viendo a las estrellas y pensando; hay que comer y hacer. Son las cosas esenciales. Esenciales, por allí va la cosa, por la esencia; y la existencia. Démonos las manos, dejemos esto hasta aquí, sí, sí, sin terminar, como todo lo filosófico, dando paso a líneas de José Saramago Todos los nombres me suenan a Saramago , quien de nuevo visita nuestro blog, esta vez en medio de otro diálogo enloquecedor entre personajes de una de sus muchas novelas.

El autor vuelve con su consabida creatividad infinita y plantea en dos líneas un asunto muy cercano al planteado por nosotros; pero la creatividad es lo que nos sorprende, pues los dos personajes participantes en la conversa, supuestamente, son dos, más bien son uno y el mismo, ya no lo sé, ya no lo sé, Salkedus, en virtud de la estética del texto de Saramago, quien decidió armarlo con la participación de Fernando Pessoa y el personaje central, Ricardo Reis, resultando ser que ambos son el mismo. Y la pregunta es la misma para el lector: ¿Quiénes somos, en realidad, pensantes filósofos?

Dos poetas en uno solo y en una sola confusión

Pessoa fue el más grande poeta portugués; y Ricardo Reis, uno de los nombres alternativos por él usados para firmar su obra… Y ¿quién es quién, cuál es cuál? Leamos en escasas líneas, en las mejores líneas, el planteamiento de la «pequeña» pregunta inicial, quiénes somos:

“Dijo usted que el poeta es un fingidor, Lo confieso, son adivinaciones que nos salen por la boca sin que sepamos qué camino hemos andado para llegar allí, lo peor es que he muerto antes de haber entendido si es el poeta quien se finge hombre o es el hombre quien se finge poeta, Fingir y fingirse no es lo mismo, Eso es una afirmación o una pregunta, Es una pregunta, Claro que no es lo mismo, yo apenas he fingido, usted se finge, si quiere ver dónde está la diferencia léame y vuelva a leerse, Con esta conversación lo que usted está haciendo es prepararme una noche de insomnio,…”

Fuera de todo, no se dejen sorprender por el uso de mayúscula después de la coma. No es error de transcripción, así lo estila Saramago. Otro enredo, de paso.

José Saramago: El Año de la Muerte de Ricardo Reis. Santillana, Ediciones Generales, S.L., Madrid, 1984. Edición impresa, pp. 165, 166.

 

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