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La selva del Darién desde su terrible pasado y su peor presente

La selva del Darién, frontera entre Colombia y Panamá es un terrible umbral que deben trasponer muchos emigrantes, especialmente venezolanos hoy día. Huyen quien sabe de qué calamidades políticas, ascendiendo por toda la América Central y aspirando llegar a la frontera de los Estados Unidos, limítrofe con México. Acerca de esta intrincada selva, ver por ejemplo: https://es.wikipedia.org/wiki/Regi%C3%B3n_del_Dari%C3%A9n

Es este el terrible presente de dicha selva, un verdadero accidente no solo topográfico o natural sino peligrosa vía ocupada por los peores sujetos, asechando a los emigrantes para sacarles hasta la última gota de lo que apenas puedan llevar consigo; o violándolos; o dándoles muerte, simplemente, en medio de la peor impunidad, una doble impunidad, diríamos desde Salkedus, la de la selva, que oculta y favorece a los delincuentes que a tal trabajo se dedican; y la del sistema penal panameño, que apenas se ocupa de estos parajes.

Un terrible pasado histórico

¿Y el pasado de tal selva? Un pasado oscuro, de igual modo, si nos dejamos conducir de la mano de Miguel Otero Silva y adentrarnos no solo en la intrincada selva tropical de Centroamérica, sino en su novela magistral llamada Lope de Aguirre, príncipe de la libertad, publicada por vez primera por la editorial Seix Barral de Barcelona, en 1979. Por cierto, ya habíamos publicado antes una entrada: https://salkedus.com/lope-de-aguirre-principe-de-la-libertad/

La novela relata o cuenta parte de la vida de quien se llamará Lope de Aguirre, explorador y conquistador español nacido en 1510 en Oñate y muerto en territorio de Venezuela en 1561.

Enviado por el gobernador del Perú, buscó y buscó de norte a sur un imaginario lugar llamado El Dorado, una remota ciudadela dizque plena de oro y de las más descabelladas riquezas, al punto de convertirse para algunos de la época, en verdadera quimera. Lope de Aguirre formó parte de esta expedición, iniciada en 1560.

En esa inútil búsqueda el personaje principal de la novela, acompañado de su comandante Pedro de Ursúa y trescientos hombres más recorre las Américas y en ella, la terrible selva del Darién, donde tal como hoy, hubo de enfrentar calamidades y mortales ataques, no solo del terrible medio selvático sino de numerosos enemigos, entre éstos unos aborígenes esclavos alzados en armas y mandados por un tal Bayamo, a quien todos habían nombrado rey.

Fragmentos del Darién

El elocuente segmento de la novela traído por Salkedus a sus lectores es suficiente para hacer una comparación virtual entre el Darién de hoy, puente a atravesar para llegar a lo que para muchos es un sueño, una utopía, una quimera; y el escenario pintado por Otero Silva en su novela. Hacemos la salvedad de que lo citado aquí está redactado por el novelista usando lenguaje de la época. De allí la ortografía, con tildes faltantes, arcaísmos, etc.:

“El gobernador de Panama don Francisco de Barrionuevo empederniase en la imposible empresa de juntar las aguas del inmenso mar descubierto por Nunez de Balboa con las otras aguas descomunales del mar Oceano de Colon, hazana milagrosa y descabellada que solamente la portentosa mano de Dios alcanzaria a coronar. Mas el dicho gobernador hizome resbalar en su mesmo desvario y meses enteros camine por en medio de salvajes selvas y despenaderos; las tinieblosas serranias del Darien llevaronme a olvidar los rayos del sol; atravese ciénagas verdes de cuyo barro vuelan al cielo muchedumbres de mosquitos…

«y manan fiebres pestiferas; arrostre la mordedura de venenosas víboras y de esotras serpientes infernales que llevan campanillas en la cola; curtime trepando torrentosas corrientes, subido a balsas, piraguas y bergantines; en dos trances estuve en un negro de una de servir de manjar…

Y caimanes, y flechas envenenadas…

«a los tramposos caimanes; entristeciome por de dentro el lamento de pajaros agoreros que parecian planir mi sentencia de muerte; y hube menester de desafiar sin tregua ni descanso a las terribles flechas enherboladas de los indios, que atemorizan a los animos mas constantes; y entre mis brazos finaron tres de los nuestros soldados a quienes la ponzona de los dardos ennegrecio la tez antes de traerles la muerte.

«Mezquinas monedas peso en mi provecho la romana del veedor en pago y trueco de mis esfuerzos, mas tuve en grande contento y honra el recebir al cabo de un tiempo una real cedula otorgada en Valladolid por la cual se me hacia merced de un regimiento en el Piru, ≪en recompensa de sus servicios,…

«suficiencia y habilidad≫, que deste modo rezaba el escripto. Vuelto agora regidor llegueme a esta tierra del Cuzco, que es muy sin comparación un prodigio, y al pisarla me lleno su vista de alborozo tanto, que desde luego perdi memoria de lo sufrido y bendije mil veces a Vuestra Majestad y a Dios nuestro Senor.”

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