Lope de Aguirre Príncipe de la Libertad

Lope de Aguirre Príncipe de la Libertad, novela publicada en 1979, es el título de otra de las que escribiera el escritor venezolano Miguel Otero Silva (1908-1985), de quien ya hablamos aquí, en el enlace disponible:  Casas Muertas, ya cerca, muy cerca estamos…

En esa virtud que tienen  muchos escritores, de fundir los hechos históricos con la pasión infinita y literaria, Otero Silva logró una amalgama ciertamente variopinta y de entrevero, pero por encima de todo, lúcida y bella, a la que Salkedus invita a disfrutar, aunque sea en pocas líneas, desde su blog, su blog de las mejores letras literarias del mundo.

¿Quién fue; quién no fue él?

Lope de Aguirre, llamado el Tirano Aguirre o el Loco, realmente existió. Fue un expedicionario y conquistador español llegado a tierras americanas en tiempos de la conquista de estas magníficas tierras, siendo llamado así, “el tirano”, por esa necesaria manía de los pueblos de hacerse sus héroes y paladines, pero también sus antihéroes y villanos, sus malvados de siempre.

En otros lugares se le ha descrito como asesino cruel y despiadado, al extremo de citársele matando a su propia hija poco antes de ser ejecutado. Según cuentan, le dijo a ésta: “muere hija, para que no te digan que eres la hija de un tirano…”. Mucho se ha dicho sobre su locura y sus desmanes, aunque en toda historia de vencedores y vencidos hay también no pocas líneas semi-legendarias. Es otro tema sin duda.

Lo que hoy rescato para mis lectores y salkeditas es la novela misma, cuya perspectiva, siendo obra de literatura, no está obligada al apego de los hechos, pudiendo crear y recrear los episodios en ese gozoso marco que solamente las artes, entre ellas la literatura, se permiten.

Un tirano libertario…

En efecto, el novelista en cierto modo se contrapone a la versión negativa que de Lope de Aguirre nos ha llegado, para legarnos un hombre, aunque resoluto y sanguinario, aventurero e iniciador de los movimientos de lucha contra el dominio imperial de España en América. Había manifestado su negativa a reconocer la autoridad real sobre las tierras por conquistar o conquistadas ya, anteponiendo su derecho a las mismas, tras la difícil y trágica expedición en la que hubo de quedar envuelto después de arribar a América. De allí lo de “príncipe de la libertad” que le adjudican Otero Silva y otros.

Una carta de desahogo

Mientras ustedes disponen de un ejemplar de tan feliz obra, sea impreso o en electrónico, Salkedus les deja esta muestra, que para muestra un botón basta. No obstante he de advertir a los distinguidos lectores acerca del fragmento escogido.

Se trata de una parte de la magnífica Carta de Desfogue que hacia 1560 (texto sin duda creado por Otero Silva en medio de su genio artístico, aunque hay noticia histórica de la existencia si no de ésa, de otra carta suscrita por el personaje) el malhadado Aguirre escribiera al mismo rey de España, de su puño y letra. Tomen en cuenta por favor, el contexto, es decir, el cuándo y el dónde, el escritor ubica el escrito, para que no se vean sorprendidos con la ortografía de la época o los modos del escribir.

Vemos esa ausencia de tildes y esa presencia de vocablos y giros propios de la época pero hoy día ya en desuso. No se trata pues de errores de aquel sujeto, de la editora o de quien tiene el gusto de escribirles. Para dar facilidad a la lectura, tuvimos que intercalar algunos puntos y apartes, como verán.

Les reitero, he aquí la muestra:

”En mucho lastimome, Emperador augusto, que no fuera el encargo de librar combates para engrandecer los limites del reino de Espana, la suerte que me cupo al poner pie en Cartagena y alistarme de soldado, sino la inominiosa bellaqueria de allanar sepulturas de indios con la intencion de hurtar a los difuntos las jicaras de oro y los macizos ídolos de lo mesmo que sus parientes habian enterrado por debajo dellos.

(Punto y aparte de Salkedus) En tales correrias fatigaba por entero sus tropas don Pedro de Heredia, a la sazon gobernador de Cartagena y capitan nuestro, y placiale mas la pertenencia del oro que la misericordia de Dios. Y heteme alli a este hervoroso y minimo servidor de Vuestra Majestad enmudeciendo sus sueños de conquista; trastrocado de guerrero en profanador de cementerios, sacrilegio este que la Santa Inquisicion castiga con sus rigurosas hogueras; arrebatandole el reposo a las mal aventuradas almas de los indios, y digo esto ultimo de las almas porque su facultad de seres humanos se las concede, ansi un fraile de Murcia que entre nosotros andaba ponía a Dios por testigo de que no las han.

(Punto y aparte de Salkedus) Tan contumaces y deprimentes se volvieron las codicias de don Pedro de Heredia y de su hermano Alfonso que por mucho ardorosas que fuesen nuestras guazabaras con los indios, harteme al cabo de vagar por medio del Cenu, el Pancenu y el Fincenu, hurgando esqueletos y soplando calaveras, tanto que escogi zafarme del real en compania del capitan Francisco Cesar, un cordobes bravoso y arriscado como no hubo otro. Deste modo fuimos a dar con nuestros cuerpos en Castilla del Oro, y el gobernador Barrionuevo nos acogio con su beneplacito, pues tampoco a el caiale en gracia la viciosa avaricia de los Heredia.

 «Aventuras y malas venturas en gran suma hube de encarar en la dicha Castilla del Oro y en Veragua, lugares adonde los naturales adoraban al tigre sanguinario, que en la creencia dellos era una horrorosa bestia amarilla maculada de negro y armada de luengos colmillos, y adoraban al par a la diosa Dabaida, que en la creencia dellos era una dama pulcra y hermosa, en cuyos templos deciase que brillaba oro muy fino y bueno en demasia. El gobernador de Panama don Francisco de Barrionuevo empederniase en la imposible empresa de juntar las aguas del inmenso mar descubierto por Nunez de Balboa con las otras aguas descomunales del mar Oceano de Colon, hazana milagrosa y descabellada que solamente la portentosa mano de Dios alcanzaria a coronar.

(Punto y aparte de Salkedus) Mas el dicho gobernador hizome resbalar en su mesmo desvario y meses enteros camine por en medio de salvajes selvas y despenaderos; las tinieblosas serranias del Darien llevaronme a olvidar los rayos del sol; atravese ciénagas verdes de cuyo barro vuelan al cielo muchedumbres de mosquitos y manan fiebres pestiferas; arrostre la mordedura de venenosas víboras y de esotras serpientes infernales que llevan campanillas en la cola; curtime trepando torrentosas corrientes, subido a balsas, piraguas y bergantines; en dos trances estuve en un negro de una de servir de manjar a los tramposos caimanes; entristeciome por de dentro el lamento de pajaros agoreros que parecian planir mi sentencia de muerte; y hube menester de desafiar sin tregua ni descanso a las terribles flechas enherboladas de los indios, que atemorizan a los animos mas constantes; y entre mis brazos finaron tres de los nuestros soldados a quienes la ponzona de los dardos ennegrecio la tez antes de traerles la muerte.

(Punto y aparte de Salkedus) Mezquinas monedas peso en mi provecho la romana del veedor en pago y trueco de mis esfuerzos, mas tuve en grande contento y honra el recebir al cabo de un tiempo una real cedula otorgada en Valladolid por la cual se me hacia merced de un regimiento en el Piru, “en recompensa de sus servicios, suficiencia y habilidad”, que deste modo rezaba el escripto. Vuelto agora regidor llegueme a esta tierra del Cuzco, que es muy sin comparación un prodigio, y al pisarla me lleno su vista de alborozo tanto, que desde luego perdi memoria de lo sufrido y bendije mil veces a Vuestra Majestad y a Dios nuestro Senor.

De la edición impresa de la Editorial Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1985 (Pp. 118-119)

Allí está el libro, como otros, como muchos, esperando por nuestras manos, vista, entendimiento y embeleso…

Deja un comentario