Frutos de la vid-a

Años noventa. Habían llegado ya los hijos, los frutos de la vida, colmándola con su tiempo, su espacio. Con su fuerza reproducida, bajo sol y bajo lluvia, en las buenas y en otras circunstancias. Riendo, ganando, creciendo. Como frutos de la vid-a. Lee también: https://salkedus.com/dos-hijos-un-hijo-dos-veces-dos-veces-hijo/

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La vid y los vinos

Se consiguen las mejores tierras, se tiene la simiente, se desarrollan las frutas en su época, la vid; y se alcanzan dos vendimias – marzo de 1989 y noviembre de 1991 -. Quitando ramas y estrujando los bellos racimos, a mano, a pura mano, a veces con angustia, a veces sin ella, separamos pulpa y hollejos, artesanalmente, sin dañar las semillas. Aparece el mosto. Controlado. Controlado pero libre.

Aquí están las cubas. Vamos pues. Crianza de dos crudos. Por cierto, crudo es el término para vendimia, entre los especialistas del vino, es decir, el momento de la cosecha de las uvas. Crianza y educación, con miles de ejemplos sin parar, acciones y no palabras. Y después la formación. El preescolar, la escuela, el liceo, la facultad… Sacrificio. Música, inglés, natación, números… ¡Qué vuelen! Para salir del nido vienen.

Crianza y fermentación

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Crianza y fermentación, los hollejos o conchas de las uvas flotan; el mosto queda abajo. La maceración es un mar dulce de peces oscuros gorgoreando, llamando a la criadora que los trajo y los envuelve. Y a la semilla, que les dio de nacer. Contemplados ellos por sus vitivinicultores desde antes de su ser. Observados, deseados, esperados y aún bebidos sin criba.

Después de prensado el mosto o la pulpa, los encargados del filtrado – nosotros, para muchacho no hay obrero – entraron en acción, para obtener esos caldos ansiosos, aromáticos, rojizos y seguros que, tras el trabajo de los criadores, se dejaron descubar para serenarse en viejas barricas de noble roble, de flejes ahora oxidados pero firmes y templados. Madera que a veces se queja en inercias de la vida. ¿Tiempo? Son dos vinos, ambos Gran Reserva y de autor. De autores, dos Casas. La etiqueta dice.

Estamos listos, estamos empezando…

Cuando se finaliza, se está recomenzando, en realidad. De pana, dicen ellos. E inmediatamente se preparan para sus otras siembras, sus propias vendimias: entrevistas, trabajos, viajes, emprendimientos, sus frutos de la vida… Así parece. Los criadores siguen contemplando las barricas, las cubas siempre llenas y por un instante vacías. Son contradicciones del amor y del esfuerzo.

Otra

En el mismo instante que se vaciaron las barricas, el vino hecho y embotellado ya, se llenan de nuevo, tras el alimento del mejor deseo; y con las mejores intenciones, de responsabilidad, fervor por el trabajo y seriedad, en medio del buen humor que, si nunca les faltó antes, cuando niños, mucho menos ahora, provistos ambos con el respaldo de una gran universidad y el nuevo impulso de la nueva vid. De la nueva vid-a.

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Ahora estamos en Mérida, Venezuela, felices y disfrutando una cata: la de hoy, junio de 2019. Su etiqueta luce una nueva mención de calidad:
Juancarlos Salcedo Terán, Ingeniero de sistemas. La de 2014 ostenta también sus honores: Jesús Manuel Salcedo Terán, Ingeniero de Sistemas.

¡Salud, brindemos con los dos mejores vinos del mundo, Jesús Manuel y Juancarlos…

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