¿Dónde están los recuerdos? Irme hasta un lugar y pedir un ponqué, o un ponquecito, o un cupcake, o un trozo de torta, o de tarta: o una magdalena, es decir un bollo de harina, azúcar, levadura, mantequilla, suavizante, vainilla, ralladuras de naranja o chispas de cacao… Irme hasta allá, pedir según antojo y entonces al tomar el primer bocado: ¡zas! Una llovizna de recuerdos, casi escampando pero sin terminar de hacerlo, como recuerdos emergiendo borrosos y por lo mismo, ocultando la nostalgia y el gran esfuerzo dispuesto para traerlos al presente y sostener firmemente todo detalle. Pero todo eso, ese alud de recuerdos desprendido por obra de un bocado,…
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“Marcelito, ¡hágame una descripción que llegue profundo!
“Marcelito, ¡hágame una descripción que llegue profundo!», decimos imaginando a uno de los maestros de primeras letras de Marcel Proust, ordenándole en clases hiciera una descripción… O sea, hablo de Marcel Proust, escritor francés nacido en París en 1871 y aunque muerto ya desde 1922, siempre vivo a través de la acuarela de su palabra plasmada en uno de los más bellos retablos escritos: En busca del tiempo perdido. Campiña para el escritor Quien estas líneas escribe ignora quién produjo a quién, si la campiña al escritor o éste a aquélla, pues aunque la respuesta pudiera saltar obvia – asaltarnos con su violencia lógica y gramatical – hemos visto también…
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Un patiquín, pero poderoso y triunfador
“El secreto tiene mil maneras de gritar sus penas en medio de la calle., Y éste reptó por las baldosas de la Plaza Bolívar y gritó su verdad a los cuatro vientos hace mucho tiempo ya. La ciudad entera sabe que la pobre Margarita, deshonrada y solterona para siempre, se quitó la vida por causa de la humillación, por causa de las palabras inapropiadas de Juancho Gómez. ¿Y acaso la muerte de su hija no es razón suficiente, no lo justifica todo? Más aún cuando el hermano de aquel degenerado es el amante que la abandonó después de tanto tiempo y de tanta lucha; aquel amante que la dejó…
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Morir un tísico, saberlo describir…
De nuevo penetro como testigo, los muros lúgubres y penosos de la prisión rusa de Siberia, pero hacia mediados de 1850, gracias a la pluma de Dostoievski, quien como dije en otra entrega, la del 25 de enero, estuvo preso en ella en esos entonces. Y hacia esos entonces pude ser trasladado mediante esa fabulosa máquina del tiempo, de la luz, de la vida y de la muerte llamada literatura. En este caso, merced a la novela por éste escrita e intitulada Recuerdos de la Casa de la Muerte, donde vi morir a un miserable recluso víctima de la tuberculosis, echado sobre los trapos y girones más inmundos que…
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A sangre fría un criminal, a cálida y sinuosa tinta el autor…
Perry Smith, uno de los dos homicidas protagonistas de la célebre obra A Sangre Fría, de Truman Capote, se ha beneficiado de las buenas almas del condado de Finney, al ser llevado a una de las celdas de la pequeña prisión, en un anexo de la casa del sheriff Wendle Meier, donde recibió alguna atención y la piedad de la gentil y dulce señora Josephine, esposa del sheriff. Mientras aguardaba a ser llevado a una de las prisiones de Kansas, la de Lansing, antes de ser ejecutado, permaneció en un mundo abiertamente contrastante con su vida sórdida y violenta de orfelinatos, callejas de siempre, peleas con su padre, robos, entradas…
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Sin comentarios…
Lean este brevísimo cuento del autor venezolano Eduardo Liendo y sabrán por qué en esta oportunidad no hago – no puedo – ningún comentario… «Se había empinado durante más de siete décadas remontando la empinada cuesta luminosa del arte del conocimiento. ¿Era realmente luminosa o solo claroscura? En todo caso, llegó hasta el umbral mismo de la claridad. Y entonces inició un lento y casi imperceptible descenso hacía una misteriosa forma de bruma. Un extraviado precipicio. Un laberinto hecho de olvidos que luego se transformó en cascada. Importante registrar que en el adiós final al pensamiento lógico, antes de internarse definitivamente en la tiniebla, el sabio tuvo – o…
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¡Vaya con Eduardo Liendo!
Sobre las sabrosas líneas del novelista venezolano Eduardo Liendo puedo disfrutar una vez más la certeza en virtud de la cual los escritores, dueños de la excelencia de las letras, son la mejor fuente – aparte los propios individuos in situ, claro está – para analizar y entender la personalidad del alma humana. ¡Vaya con Eduardo Liendo! Plumas como la de Dostoievski, Camus, Katzenbach y Liendo, se transforman en todo un diván psicoanalítico donde reclinados a lo largo de sus profusos relatos, los personajes dejan el fondo oscuro, torturado, a veces en pánico, de sus respectivas y complicadas vidas. Eduardo Liendo, nacido en Caracas en 1941, maestro del relato de…
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Carta anónima exigiendo nuestro propio suicidio
¿No es como para volverse loco recibir una carta anónima exigiendo nuestro propio suicidio, el cual deberemos ejecutar en determinado plazo, perentorio por cierto? De lo contrario, diría la nefasta carta, familiares sufrirán algo terrible. Y la carta nos haría responsables de tal tragedia. Y la carta explicaría ser, una venganza por un daño, o supuesto daño, infligido alguna vez por nosotros al cruel personaje firmante o remitente. Y a continuación la carta nos presentaría una lista con nombres y dirección de cada uno de nuestros seres más queridos, demostrando la fuerza y certeza de su amenaza. Salkedus les dice acerca de una de las mejores novelas del escritor John…
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Muchos creen que los gringos…
Muchos creen falaz y erróneamente que Estados Unidos de América – nombre oficial – solo es capaz de producir invasiones, malestares y guerras, sin reflexión alguna acerca de su gente, de carne y hueso, que vive, se levanta y muere cotidianamente en medio de ilusiones, problemas y soluciones. Sin ni siquiera imaginar, siguen pensando e ignorando un tanto o muy maliciosamente, que ni siquiera poesía y música tienen. Ya lo sé, ya lo sé. Ustedes no. Ustedes como buenos lectores e iconoclastas de este tecnológico siglo, saben de la existencia y de la obra de Virginia Woolf, de Walt Whitman, de Ernest Hemingway, de William Faulkner, de Stephen King,…
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Música y mosca. O mejor: músika y moska
¿Sabrá más una moska que nosotros, acerca del arte de la música? Mientras nosotros vivimos el (des)concierto de la vida y el caos de nuestro (sin)saber de sinsabores, ¿puede haber una moska no solamente capaz de escuchar y de apreciar lo más granado de la música, sino también de haber sido testigo discreto y silente de grandes e irrepetibles momentos en los cuales un telúrico compositor, un ejecutante magistral o un revolucionario cuarteto de escarabajos británicos se daban con furia con su invocación inspiradora? Apenas un fragmento de la novela de Eduardo Liendo, que a continuación dispongo, sirve para una idea de cuán poca música hemos escuchado; y de cómo…