La “era” Biden, el balance de poderes y la geopolítica mundial

Todo acontecimiento público en EEUU siempre es más que conocido, especialmente si pudiera influir o modificar el balance de poderes y la geopolítica mundial. Y sabemos por qué, siendo el país la primera potencia del mundo, el Estado Universal de la Civilización Occidental, como diría el historiador inglés Arnold Toynbee. Lea aquí también: https://es.wikipedia.org/wiki/Cultura_occidental

Se trata de las más recientes elecciones nacionales ocurridas allá, el pasado seis de diciembre, en las cuales resultó electo como presidente, Joe Biden, aunque hay sectores políticos de primera importancia que dudan o llegaron a dudar de los resultados de esos sufragios. ¿Ganó las votaciones Biden? ¡O las ganó el ahora ex presidente Donald Trump? ¿Obtuvo Trump la mayoría de los votos, pero es Biden quien está ahora en la Sala Oval? Nosotros desde Salkedus no seremos tan atrevidos para dictar cátedra al respecto.

Solo subrayaremos las dudas razonables planteadas por Trump al respecto, y que dieron un inicio impuro – háblese así – de la “era Biden”. Y van algunos apuntes los cuales ofrecemos ahora.

Ya no hay dudas, se vienen cambios en el balance de poderes

La presidencia de Biden se inicia con conflictos y dudas sobre la legalidad y certeza del triunfo, como habíamos dicho.
Biden pareciera apurado por echar atrás lo hecho en la presidencia anterior, lo que hace mirar o recordar políticas del comunismo. Inevitable pensarlo tomando en cuenta la tormenta de ideas, hechos y antecedentes, circulando en noticieros y redes sociales.
Al mismo tiempo asoman tempranamente las costuras de ser un régimen internacional, con estrategias geopolíticas apuntando hacia un objetivo, pero originadas en varios centros: China, Turquía, Irán, Libia, tal vez Corea, Cuba, Venezuela

Otra hegemonía

Detrás de los primeros cambios hay deseos de deshacerse o de debilitar sensiblemente la hegemonía de EEUU en el mundo, para dar paso a una hegemonía universal en manos del imperialismo chino, muy comunista en su régimen interno, por cierto, y muy capitalista fabricando con mano de obra barata para luego exportando a todo el mundo.
De hecho, otras potencias, Rusia; u otros países, como Irán o Turquía, carecen del músculo necesario para ocupar tal posición.
No obstante, faltan muchos elementos, estamos comenzando, pero se esperaría primero que nada, los cambios de tipo superficial, para impactar a las masas, a las grandes mayorías, en la voz de Toynbee: nueva iconografía, nuevos slogans, nuevas voces… Pueden ver otra entrega relacionada en: https://salkedus.com/el-cambio-mundial-ya-esta-con-nosotros/

Vuelve el fantasma…

Sin tradición igualitarista y mucho menos comunista, aparecen allá los fantasmas de la igualdad, la utopía de siempre, el sueño de un mundo de países entre sí indiferenciados, y de una sociedad con individuos cortados a ras, sobre un molde. Nosotros desde esta tribuna iniciaremos la relectura de la novela: Un mundo feliz, de Aldous Huxley, invitándoles a hacer lo mismo, para recrear un poco las sociedades ideales y utópicas.
Y una vez más, tristeza: no se produce la tal igualdad – he allí por qué hablamos de utopía – sino una mudanza del poder, de unas manos a otras.
Sin embargo, dentro de EEUU la «era» Biden da inicio mostrando que el poder detrás del poder sigue en manos de los mismos, las grandes corporaciones. Oh, utopía, qué incrédula eres!


Un momento. Salvo que… salvo que la tal era sea en efecto una nueva era, nueva nuevecita, y no roja rojita, donde multilateralmente cesen el uso de combustibles fósiles, la fabricación y venta de armas, se suspenda el uso de plásticos desechables en forma masiva, cese la quema inútil de combustible y cauchos (automovilismo y otros deportes), se suprima la producción industrial de alimentos (no sé cómo viviremos, de otro modo no alcanza; o alcanza aún menos) … Y que sobrevenga la desaparición de la riqueza, por efecto de un mega reparto (no sé cómo iremos a producir suficiente) …

Todos ricos

Por cierto- y tristeza otra vez – la riqueza es riqueza porque está concentrada. Esa es su esencia. Si se reparte deja de serlo. Si un ganadero reparte sus vacas, deja de producir, pero los apresuradamente contentos receptores de sus vacas – una para cada receptor, queda claro – no podrán producir para todos, salvo para ellos mismos. Y la leche y sus derivados no llegarán a la mayoría, o sea, a quienes no recibieron ninguna vaca. El ganadero (y todos los ganaderos del mundo) no tiene suficientes vacas para repartir. Los ganaderos tendrían que haber tenido al menos, unos cuatro mil millones de vacas, el total actual de la población del mundo en edad productiva… Salvo que… ¡oh utopía!, en pleno nuevo reparto del mundo, en este nuevo forcejeo y luchas geopolíticas, pasemos de lo irrealizable al romanticismo (no decimos romántico, eso es otra cosa) y empecemos a decir, palabras más palabras menos, que individualmente somos una gota, pero que todos formamos un océano…

¿Vamos o venimos?

¿Una posible vuelta a producciones mediante feudos, conucos, soviets, koljoses (en la desaparecida Unión Soviética, granjas de producción comunista)? ¿Ese es el plan? No es mucho el avance. ¿O será que el cambio hacia la nueva «era» (con lo de “era” hemos usado el lugar común acuñado por los medios noticiosos) llegará hasta los conceptos de progreso, riqueza, adelante-atrás, etc., para convertir al mundo en un mosaico de pequeñas unidades (in)productivas, sin moneda en efectivo – ojo – (comunismo, por todo el cañón) casi indiferenciadas (globalismo, por todo el cañón) y gobernadas desde unos cuantos centros (totalitarismo por todo el cañón) que conformarían un eje?

Bueno, volviendo a la fulana igualdad, entonces cada país deberá entregar sus recursos y riquezas, hasta establecer un mundo homogéneo y gris, como lo sería una heladería donde se vendieran helados de un solo sabor, bajo el triste amanecer de que todos somos iguales, igualitos.

Salvo que… salvo que las riquezas sean inagotables y todos seamos ricos, lo cual hace aparecer la hipnótica culebra que se muerde la cola. Si todos somos ricos, igualmente ricos, quién hará el resto. Ahora, si todos somos pobres, igualmente pobres, ahí sí. Ahí sí se puede. Es la anciana utopía del comunismo, el regreso a las comunidades primitivas, a las comunidades paleo-cristianas, aquellas perseguidas por el imperio romano (un poder imperial universal por todos conocidos, ante el cual fue crucificado Jesús) y obligadas a vivir en cuevas subterráneas llamadas catacumbas.
¡A las catacumbas! ¡A las catacumbas pues!

Bienvenidos a la «era» Biden. El balance de poderes y geopolítica mundial

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