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¿Quién manda a quién?

Capturado por las líneas de Fernando Savater y su obra Los Diez Mandamientos en el Siglo XXI, me he puesto a su lectura, entre antesalas y salas de espera, arbitrarios cambios del tiempo y visitas que no llegan. Sin decir cosas nuevas del todo, sus líneas pudieran asombrar a más de uno y hacerlo reconsiderar posturas u opiniones acerca de la vida, o acerca de la religión de crianza… ¿Quién manda a quién?, se pudiera preguntar… Aunque pudiera también afincarse más aún en sus creencias, guareciéndose así en lo aprendido cuando niño, para evitar la duda y la revisión consciente de sus creencias…

Creo para pensar, pienso para creer…

No hay como el propio autor para que hable de sus ideas y de su obra. Prefiero sea Savater quien me convoque al pensamiento y no otro; ni siquiera el mejor ensayista o analista de su obra. Sería como usar un filtro, una alcabala antes de llegar al autor, un mediador.

Merced al ensayo filosófico del autor, llamaré la atención de mis distinguidos lectores acerca del absoluto desbalance habido entre el número de años de “paz” vividos por la Humanidad; y el número transcurridos con guerras o en medio de ellas.

¿Y eso de que quién manda a quién, a qué se refiere, mi Profe? Pues no sé si es Dios o como se llame, quien manda a los humanos; o éstos quienes mandan a los dioses… Es que los humanos de ahora sobre todo, nos la pasamos haciendo consideraciones acerca del prójimo, de los derechos de quien es diferente, de quien piensa distinto, de quien siente distinto, pero a la hora de la chiquita, no lo toleramos. E iniciamos una trifulca, una pelea, una diáspora, provocamos un éxodo, una guerra…

«Durante la historia del hombre sobre la tierra, infinidad de ejércitos se han enfrentado en nombre de dioses o de creencias. Se habla incluso de un Dios de los ejércitos; todos tienen sus capellanes castrenses, sus banderas y estandartes. En 5.500 años de historia, para no ir más lejos, se han producido 14.513 guerras que han costado 1.240 millones de vidas y nos han dejado un respiro de no más de 292 años de paz, aunque seguro que durante dicho tiempo también debieron de haber guerras menores en curso. En el momento en el que usted lea estas estadísticas ya se habrán convertido en anticuadas. Estas cifras tienen la particularidad de incrementarse minuto a minuto por obra y gracia de los propios hombres. De hecho, una gran parte de las guerras tuvieron su origen en desencuentros e intolerancias debidas a distintas creencias. Pero también está claro que, casi siempre, lo religioso fue una simple excusa para resolver diferencias territoriales o económicas. Como verán, nada ha cambiado.”

La cita es de la edición de la Editorial Debolsillo, Buenos Aires, 2005,  página 31.

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